Dado que podrían ser un complemento de los antibióticos, investigadores de todo el mundo trabajan con bacteriófagos, virus que infectan bacterias. Los primeros preparados con estos eliminadores de bacterias ya se encuentran en desarrollo clínico. También en Alemania está previsto que próximamente se inicie un estudio.
Cada vez con más frecuencia fracasan las terapias antibióticas porque las bacterias causantes de la enfermedad han desarrollado resistencias. Con consecuencias fatales: solo en EE. UU. mueren cada año unas 23.000 personas por infecciones con patógenos multirresistentes. También en la UE, según una publicación reciente, en 2015 se atribuyeron aproximadamente 33.000 muertes a patógenos multirresistentes (DOI: 10.1016/S1473-3099(18)30605-4). La Organización Mundial de la Salud (OMS) recopiló en 2017 una lista con los doce patógenos más peligrosos. En ella figuran, además de cepas resistentes de Acinetobacter baumannii y Pseudomonas aeruginosa, también Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus y Helicobacter pylori.
Debido a la grave situación de resistencias, los científicos buscan nuevas vías para eliminar patógenos peligrosos como estos. Aquí los virus pueden convertirse en aliados. En efecto, virus especiales, los llamados bacteriófagos, infectan de forma altamente específica cepas de una determinada especie bacteriana, las utilizan para su reproducción y las matan. Los virus están presentes en todas partes donde hace calor y hay humedad: en charcas, ríos y mares, pero también en el intestino de personas y animales o en las mucosas. Son los organismos más abundantes de la Tierra.
En casos aislados, estos eliminadores de bacterias ya se utilizan con fines terapéuticos. Así, en mayo un equipo de investigación de Londres y Pittsburgh informó en la revista especializada «Nature Medicine» sobre una terapia con fagos personalizada con virus modificados genéticamente para tratar una infección por micobacterias resistentes a antibióticos en una niña con fibrosis quística (DOI: 10.1038/s41591-019-0437-z). La paciente llevaba ya ocho años recibiendo antibióticos debido a la colonización crónica por Mycobacterium abscessus. Como el germen ya no respondía a ningún antibiótico, los médicos tratantes decidieron buscar fagos adecuados y los encontraron en una colección de fagos: elaboraron un cóctel de tres bacteriófagos, uno de los cuales modificaron genéticamente para que actuara de forma lítica, es decir, que hiciera estallar las células bacterianas. Con el tratamiento del cóctel, los médicos pudieron controlar rápidamente la infección.
Impulso para la investigación con fagos
Casos aislados como este dan impulso a la investigación con fagos. Las terapias con fagos habían estado muy extendidas en Europa y EE. UU. en la era preantibiótica, pero en Occidente perdieron rápidamente importancia con el descubrimiento de antibióticos eficaces. En Europa del Este y en Rusia, estas terapias se siguen utilizando hasta hoy. Desde aproximadamente el año 2000, el campo de investigación se ha revitalizado en Occidente, impulsado por la crisis de los antibióticos, pero también por las nuevas posibilidades que ofrecen las tecnologías de secuenciación, informa Charles Schmidt en un artículo de revisión en «Nature Biotechnology» (DOI: 10.1038/s41587-019-0133-z). Universidades de EE. UU. fundan centros de investigación y crean amplias bibliotecas de fagos. Así, en 2018 se puso en marcha el Center for Innovative Phage Applications and Therapeutics (IPATH) de la University of California en San Diego, y desde 2010 existe el Center for Phage Technology (CPT) en la Texas A&M University en College Station. Sin embargo, la mayor biblioteca de fagos se encuentra en la University of Pittsburgh. Incluye 15.000 aislados, de los cuales 3.000 están completamente secuenciados. De esta colección procedían también los tres fagos utilizados en la paciente con fibrosis quística.
Según Schmidt, actualmente las bibliotecas de fagos se ven desbordadas por solicitudes para pacientes gravemente enfermos en los que los antibióticos ya no funcionan. Si se encuentran variantes adecuadas, estas pueden utilizarse con una especie de autorización especial de la agencia reguladora estadounidense FDA como «Emergency Investigational New Drug». No obstante, además de tratar casos aislados, también hay esfuerzos por llevar preparados basados en fagos a la aprobación como medicamentos. «Se avecina una primera oleada de ensayos clínicos», escribe Schmidt.
En el desarrollo de este tipo de medicamentos existen, en principio, dos estrategias que dependen de la diversidad de la bacteria diana: en patógenos con baja diversidad, como Staphylococcus aureus, se pueden desarrollar cócteles fijos con tres o cuatro fagos, que pueden producirse y almacenarse como otros medicamentos. Para especies genéticamente muy diversas, como Acinetobacter baumannii, este enfoque no es adecuado, porque de lo contrario habría que combinar demasiados fagos, que pueden interactuar entre sí. En este caso es necesario un enfoque individual, es decir, la selección de fagos adecuados para cada paciente.
Fuente y más información: https://www.pharmazeutische-zeitung.de/bakterienkiller-in-der-klinik/